RECITAL: Bersuit volvió al Luna

La banda del Pelado Cordera dio un show a estadio lleno. Aunque el recital fue predecible, el grupo y sus temas no pierden vigencia.
Por Nacho Girón

Lo visitaron por primera vez en 2004 y les gustó: terminaron haciendo diez funciones casi sin respiro. Volvieron al año siguiente y redoblaron la apuesta: le pegaron sin pausa desde el 16 de junio al 2 de julio. Regresaron una vez más. Y otra. Y otra. Bajo el lema Luna llena en el Luna y con entradas agotadas, este sábado Bersuit Vergarabat reafirmó su idilio con el estadio de la calle Corrientes.

Acompañados por un escenario decorado con cajas de luz ("un intento por consumir menos energía", explicaron), la banda arrancó con un set acústico que fue subiendo de tono progresivamente y que pasados los primeros treinta minutos ya se había convertido en la conocidísima y repetida máquina bersuitera. ¿El tema más viejo? Tuyú. Para redondear una lista de treinta canciones (cinco de su último disco, ?), Cordera y compañía se despidieron con el coreado tándem de Murguita del sur y Un pacto. Se cerraba así un show afilado y enérgico, pero sin ninguna sorpresa. Nada fuera de lo común. La próxima cita será el 9 de mayo. ¿El lugar? Claro, el Luna Park.


RECUADRO: Sin solistas
El tecladista Juan Subirá ya lanzó su primer disco solista. Lo sigue Cordera, que edita en mayo. Y hacen cola los guitarristas Alberto Verenzuela y Oscar Righi. Sin embargo, y pese a la expectativa del público, nada se escuchó de estos materiales.

Documental Los dos conejos: A puertas abiertas

Buscando respuestas, en mayo se estrena una película sobre Cromañón.
Txt. Nacho Girón

De la grieta que dejó la noche del 30 de diciembre de 2004 se desprenden todo tipo de manifestaciones culturales: homenajes, cantitos de hinchadas, canciones de bandas, obras de teatro. Y documentales como Los dos conejos, un trabajo reflexivo que parte de lo que pasó en Cromañón. "El hombre sólo puede ser cuidado si ocupa un lugar central, como persona y no como objeto", explica el director Gabriel Corvi. "Siempre nos opusimos al criterio del 'para que no vuelva a suceder'. Las soluciones no pasan por decir nunca más", dispara Javier Campo, guionista.

El trabajo, despojado de música y golpes de efecto, se presenta como una búsqueda algo amateur, pero personal y progresiva: la cámara de Corvi graba a Campo escribiendo sobre el tema, caminando por el Once, charlando con familiares de víctimas, abogados y psicólogos sociales.

"Cromañón, el accidente de Lapa u otros hechos que cada tanto matan arriba de cien personas salen de lo normal por la espectacularidad. No es común que mueran 200 tipos de golpe. Pero todos los días se muere gente por las mismas causas, anónimamente, de a uno, por las mismas razones de fondo que llevaron a lo del recital de Callejeros", explican.

En la fábula que da nombre al documental, unos perros hambrientos persiguen a un conejo indefenso. Al cruzarse con otro conejo, en lugar de escapar, empiezan a discutir sobre cuál era la raza de los perros. "No hace falta decir qué pasó con los conejos, ¿no?", ironiza Javier. "El concepto es que nos distraemos con cuestiones frívolas y olvidamos lo importante. Sólo buscamos soluciones tranquilizadoras".

-¿Qué sería lo tranquilizador en este caso?
-Lo peor que puede pasar es que Cromañón sólo quede en que Mollo pida que no se prendan bengalas. O que sólo quede en un juicio y unas cuantas personas presas. Así la tragedia se va a recordar por la magnitud, pero se dejan las puertas abiertas para que siga muriendo gente.

ATTAQUE 77: "Ciro ya no era feliz"

En exclusivo para el Sí!, Mariano Martínez, Luciano Scaglione y Leo De Cecco hablan por primera vez desde la partida oficial de Ciro Pertusi. Razones y opciones de un cambio.
Txt. Nacho Girón


Ninguna coincidencia. El mismo día en que Ciro Pertusi difundió un comunicado sobre su alejamiento de Attaque 77 (en donde sostiene que empieza un "viaje personal" con "rumbo incierto"), el resto del grupo rompió el silencio que mantenía desde finales del año pasado. "¡Por supuesto que hay vida después de Ciro!", dicen al unísono el nuevo cantante oficial Mariano Martínez, el bajista Luciano Scaglione y el baterista Leonardo de Cecco. "El silencio de la banda se dio porque teníamos que atravesar un proceso, hacer un duelo y replantearnos nuestra vida artística. Sin Ciro esto sigue siendo un grupo. Y tenemos ganas de seguir tocando".

El ahora trío analiza la partida como un proceso. "Desde hace por lo menos dos años que él no quería tocar más. Le pedí que repensara su decisión porque Attaque también es un grupo de contención humana. Tal vez esas charlas lo retuvieron un tiempo, pero por suerte terminó haciendo lo que él necesitaba", recuerda Mariano. "Y aunque la reacción fue de dolor y tristeza, no estuvimos ni cerca de separarnos. Nos pidió que siguiéramos", interrumpe Luciano. Los rumores no pararon de circular desde el último show que dieron como cuarteto, en diciembre. Por ejemplo, que volvían Federico Pertusi, ex cantante, y el "Chino" Vera, ex bajista. "Todo salió de portales under y de ese tipo de lugares que no son serios, donde nadie se hace cargo. Son unos estúpidos, porque inventaron algo sin sustento", se defiende Luciano. Pero el rumor más fuerte fue sin dudas que Ciro había pedido un año sabático para dedicarse a su hijo y que habría encontrado como respuesta una dura negativa de Martínez. "No voy a decir que nos estábamos llevando bárbaro, ni que cerramos la historia como adultos que tienen todo superado, ni que éramos amigos incondicionales. Pero no terminamos a las piñas como adolescentes. No hay una enemistad, pero sí una distancia. La verdad, le deseo lo mejor", responde serio.

Después de un verano de reflexión, se internaron desde febrero en el estudio que Mariano tiene en Córdoba: ya hay más de cuarenta temas para el disco que empezarán a grabar a fin de mes y editar antes de mediados de año. "Tenemos la necesidad de salir del conflicto y mirar para adelante", resume Leonardo.

-¿Por qué no hubo show despedida, como pide el público?
- Mariano: Ciro no era feliz, estaba angustiado. No disfrutaba de lo que hacía. No podía ni despedirse, ni hacer un sólo recital más.