“Las cosas me cuestan más, pero por lo menos estoy feliz”
El cantante, el compositor imparable, el escritor, el creador de funzines, el defensor de la independencia, el que también aparece en radio, todos juntos en uno sólo, en una conversación que logra plasmar su esencia. ¿Okey dokey?
La propuesta había llegado por parte de BBK después de varios correos electrónicos: “¿Estás por Caballito? Bueno, juntémonos entonces en la esquina de la heladería...”. Ahora, las tazas de café se enfrían por culpa de una charla larga, variada y espontánea que finalmente se extenderá por casi dos horas. Él, con su mirada profunda y sus palabras precisas, hará que la conversación se torne disfrutable en el cien por ciento de los tópicos; su propia historia o su análisis sobre la música y los códigos del rock, la autenticidad o sus personajes, sus viajes o su sentimiento por Fun People. Además, cuenta los pormenores del excelente segundo disco “Smiles From Chapanoland” y del tercer material que ya casi está listo para ver la luz.
“Yo me crié en el campo y en mi zona había muchas personas de esas a las que le dicen vagabundas. Y siempre me acercaba y tenía buena relación con ellos”. Así comienza el propio Boom Boom Kid la recapitulación de su vida. Y sigue: “Me acuerdo de un flaco que había ejercido medicina durante mucho tiempo, que había tenido casa y auto propio... y él, habiendo pasado todas las etapas sociales que supuestamente te hacen ‘ser persona’ me decía que eso no era lo real. Lo real es otra cosa me parece, es disfrutar cada momento de todo lo que hacés. Ahí me di cuenta de que los vagabundos son hombres que buscan la libertad total, y también entendí que el ‘sistema’ no iba para mí. Además, empecé a escuchar mucha música”.
(El Acople) ¿Qué hiciste a partir desde ese entonces?
(BBK) Comencé a buscar otras cosas, a juntarme con otro tipo de gente, a relacionarme con la música punk, a hablar con gente del rock, a estar mucho más en calle, en contacto con la naturaleza. Como te decía, lo que me hizo el “click” en la cabeza fue el contacto con las personas de la calle... que ya habían probado todo lo que yo supuestamente quería hacer y que se dieron cuenta de que no era así. Entonces cuando encontré algo que me hacía feliz, que era la música, nunca me fijé si me iba a dar de comer o si me iba a dar un techo. Me hacía y me hace feliz, y punto.
(El Acople) ¿Fue muy duro el cambio cuando te viniste para la ciudad?
De chiquito iba para la ciudad y no me disgustaba. Al contrario, me gustaba mucho. Como todo tiene sus cosas buenas, yo trato de concentrarme en eso y no en lo negativo. Sino se te empieza a venir la nube negra. Hay que concentrarse en tomar sol... (risas).
Entrando en el universo BBK...
Cuando enseguida la conversación gira espontáneamente hacia la música, el personaje de las mil identidades (pero de un solo espíritu) aprovecha para reflexionar sobre el rock: “Prefiero tocar en diez lugares pequeños en vez de en uno grande porque sino se pierde mucho la vibración. Muchas cosas que tienen que ver con la supuesta profesionalidad del rock en realidad lo están matando. Cuando dicen: ‘¡Che, qué bien que anda el rock!’ a mí me parece que anda muy mal”.
(El Acople) ¿Quiénes serían los responsables de eso?
Las mismas bandas. Pero bueno, es el concepto de cómo veo el rock yo y cómo lo ven las bandas. Para mí pasa por una cuestión de autenticidad y de espiritualidad. Hay mucha gente concentrada en ser original y para mí ser original no cambia nada. Lo importante es ser auténtico, auténtico con uno. He hecho cosas como tocar en un festival y las experiencias no resultaron para nada positivas; para la gente había estado bárbaro y para mí no estaba bien lo que había hecho.
(El Acople) Es verdad. No siempre lo que siente la gente es lo que siente uno sobre el escenario...
Yo estoy haciendo cosas que me hagan sentir bien, ¿entendés? Hay que hacer cosas que lo satisfagan a uno, sino el alma se va poniendo cada vez más oscura. Yo esto ya no me lo tomo como un trabajo: escribo, dibujo y hago cosas que me hacen sentir bien. Y no me pongo a pensar, como los productores, cuánta recepción va a tener lo que estoy haciendo. Gasto mi tiempo siempre en cosas positivas, ¿viste?
(El Acople) ¿Te cuesta seguir siempre fiel a esta especie de idealismo que tenés?
No es idealismo. Yo soy así.
(El Acople) Me refiero a “idealismo” porque en la práctica casi todo el mundo no tira para tu mismo lado...
Igual no hago las cosas para mostrarle a la gente que las cosas se pueden hacer de otra manera. No me concentro en eso. Trato de buscar la máxima autenticidad. Me interesa la autenticidad, por eso a veces tardo tanto en tocar: las cosas me cuestan más, pero por lo menos estoy feliz. Estoy dando pasos. He hecho muchas cosas y varias veces me golpee, pero ahora trato de no golpearme tanto.
(El Acople) Igual golpearse puede ser parte del camino.
Sí, porque en realidad, como te dije, mi única meta es tratar de ser auténtico todo el tiempo. Ir con la realidad, nada más. Acá no hay drogas, no hay nada de alcohol, a mí no me gusta nada que tenga que ver con el mundo del rock convencional, con la farándula. Todo eso apesta. Por eso me junto y hago un programa de radio (NdR: en FM La Tribu) con Marcelo Pocavida que es una persona totalmente auténtica. Más que armar mi propia trinchera trato de abrazar a la gente que está detrás mío.
(El Acople) ¿Sentís que la gente que te escucha, te sigue o te lee entiende esta autenticidad tuya?
No sé. Me concentro en mis cosas nada más y si hay respuesta... buenísimo. Sí me pone muy feliz el apoyo que recibo, pero no hago cosas para la personas. ¿Viste qué bastardas que son algunas personas que están metidas en el “rock”? Arengan todo el tiempo y dicen: “Aguante esto, aguante lo otro”. Y encima ven que la gente responde y siguen... me parece gracioso y por eso no quiero ver esa película. No trato de generar una escena ni nada... hago mis cosas.
(El Acople) Cuando vas a tocar por Argentina con tus compañeros llevan su sonido y se organizan con sus cosas. ¿En el exterior también hacen lo mismo?
No, cuando vamos afuera, cuando vamos a Europa o a Estados Unidos, organizamos todo con promotores que son amigos y nos dan los equipos necesarios. Toqué en dos festivales nada más en todas mis giras por el exterior: uno en Suiza y otro en el País Vasco. Lo hicimos pero no quedamos para nada felices porque era una cosa que no te permitía encargarte de nada. Eran festivales que igual no tenían ni vallado ni patovicas en el medio y entonces había una conexión más fuerte. Si vos tenés que poner a alguien para que cuide tu propio público... no sé... algo está pasando.
(El Acople) Pero eso pasa muchísimo acá.
La gente te va a ver porque te quiere. No te quiere pegar ni matar. Ahora todo tiene que estar controlado y cada vez están haciendo más sumisa a la gente. Si a alguien le vale buenísimo, pero a mí no me sirve. Para mí es una cosa muy fea, pero bueno. En nuestros recitales no hay vallas, nada más hay gente que está organizando el escenario. ¿Sabés por qué a veces hay caos sobre nuestro escenario? Porque como acostumbran a todos a estar contenidos, cuando vas a un show y no hay vallado se descontrola todo el mundo. Y también es culpa de las personas que nos educan: nosotros somos el reflejo de ellos. Uno no es malo cuando nace... yo no soy culpable de lo que soy, a mí me hicieron así. A nosotros nos dicen todo el tiempo cómo tenemos que ser, subliminalmente. Y eso nos mata como individuos. Hay un loco que dice: “Vos amás al rock, pero ¿el rock te amará a ti?”... es como pensar si vos sos realmente vos, o no. Igual lo que pienso hoy justamente lo pienso hoy... no sé si mañana voy a pensar de otra manera. No hago de esto una ley a seguir, ni predico, ni nada.
(El Acople) A veces no se entiende que para ser “coherente” uno también tiene que ir mutando...
Es que uno va cambiando, todo el mundo cambia. Igual tampoco sé qué es la coherencia. Es más, yo estoy más del lado de las personas locas que de las coherentes.
(El Acople) Volviendo a lo que decías, ¿te fastidia que muchas veces el público se suba al escenario y hasta te saque el micrófono?
No, para nada. A veces desaparecen un par de cosas que llevo, pero bueno, la próxima trato de llevar menos. Y si pasa algo, de la culpa nos hacemos cargo nosotros. Trato de no echarle la culpa a los demás. Al final uno puede irse a su casa y decir: “Lo hice como quería”. Y es un sabor muy lindo.
(El Acople) ¿Es muy distinto el público de afuera?
No, es igual. Lo único que lo diferencia es el cambio de idioma. Y también las condiciones: vos vas a tocar y atrás del escenario los organizadores te traen frutas, un montón de comida, te dan lugar para dormirte, te dejan bañarte... acá vas a lugares y al dueño le generás un montón de dinero e igual no te ponen nada. Es un gran problema porque las bandas tampoco exigen ese trato. A veces hace más frío en el lugar donde uno va a tocar que afuera.
(El Acople) ¿Imaginaste que gracias a la música ibas a viajar tanto?
Siempre quise viajar. Y no siento que me valla de gira; somos cinco o seis muchachos que nos vamos de vacaciones todo el tiempo. Disfruto muchísimo lo que hago. Encima siempre damos como dos shows por día... termino de tocar el primero y siento que tomé Speed (risas). Y en los segundos recitales estamos a full.
(El Acople) ¿Ensayan seguido?
No, nosotros tocamos y las canciones van surgiendo. A veces capaz que no ensayamos por dos o tres meses y cuando nos juntamos hacemos treinta canciones. Igual yo compongo canciones todos los días: con el pianito, con la guitarra, ruiditos con la boca... también escribo y dibujo. Lo que sí, a veces, los tiempos que yo quiero tener no son los tiempos de los chicos que tocan conmigo. Pero lo que está bueno es que concentramos todo en tener la amistad bien guardada. Vamos tranquilos, porque como te dije al principio, las cosas apresuradas que tienen que ver con lo que supuestamente es el rock es lo que lo está matando.
(El Acople) ¿Sos de llevarte bien con otras bandas?
Sí, sí. Por ejemplo a veces voy a una pizzería que está en San Telmo y ahí al costado suelen tocar jazz unos chicos, y es un grupo bastante copado. O me cuelgo con algún chabón que está cantando en la calle. Una vez vi a un muchacho que dice que fue guitarrista de Alfredo Zitarrosa. Cuando voy en tren veo a muchos músicos muy buenos. A veces no me gusta porque las bandas no son auténticas, y eso no me lo como. Además, voy a ver bandas muy lindas, pero no escucho solamente rock, me gusta de todo.
Doctor Disco, Mister Personalidad y algunas cosas más
(El Acople) Contáme algo de tu segundo disco “Smiles From Chapanoland”.
Realmente fue todo un proceso largo pero bonito. Estoy muy conforme con el disco y todo lo que está metido ahí. Estoy muy feliz, y pocas veces me sentí tan feliz con un disco; he logrado el sonido que buscaba, me sentí muy cómodo con la mezcla, no hice nada con presión, y fue todo muy cool. Estoy dudando si no es el disco más logrado que hice. Ahora estoy a full, con una energía súper grosa. Estuve haciendo todo muy tranquilo, muy copado. Hay momentos en que me di cuenta que podría haber cantado mejor pero lo quise dejar así, como para no perjudicar lo que iba fluyendo. Surgió así y la grabación la tomé como un recital.
(El Acople) ¿El concepto lo tenías pensado desde el principio?
Sí, desde el vamos... porque nosotros ensayamos en Chapanoland. Somos personas que tenemos problemas y las canalizamos mediante la música. Es duro vivir en un planeta tan hostil, pero bueno, yo no me quedo con eso y la trato de luchar, luchar a mi manera, con canciones. Para mí el punk no tiene que ver con el nihilismo, no pienso en la “autodestrución” o que todo es una mierda. Yo sigo el camino de la “autoconstrucción” y el de la búsqueda de gente que quiera hacer cosas positivas; ese es precisamente el concepto de Chapanoland. En realidad todo se trata de una continuación que viene desde el primer material que grabé, porque yo estoy hablando siempre de lo mismo.
(El Acople) Habías hablado también de que Chapanoland es un cementerio... ¿cómo es esa historia?
A ver... ¿cómo decirlo? Hay personas que van al gimnasio y concentran toda su vibración levantando pesas. Otras salen a correr. Y bueno, para nosotros la sala de ensayo es el cementerio de la mala vida, ahí muere todo man. Entonces Chapanoland es el cementerio utópico que nos gustaría ver algún día, ¿entendés? Pero no tiene que ser una cosa material, sino mental. Los cementerios son una cosa súper triste; tienen que ver con el ego y la posición que te toque en la sociedad. Yo el día que me muera quiero que me quemen y me dejen volar con el viento porque lo que te dejó una persona queda en el corazón. En fin, Chapanoland es una cosa así... es ver enterrada toda esa maldad del mundo. Y es difícil porque lamentablemente soy humano y el humano es un depredador. Personalmente es una lucha diaria pero a la vez cada día voy aprendiendo más.
(El Acople) ¿Se te hace difícil vivir con tus alter ego? Antes eras Nekro, a veces salís y tocás como Il Carlo, a veces sos Miss Muerte, otras sos simplemente Boom Boom Kid...
Es lo mismo, ¿viste? Cambio porque me gusta, qué se yo. Aparte, yo no soy Carlos Daniel Rodríguez... así es como me pusieron mis padres, yo no soy esa persona. En este momento soy Boom Boom Kid. El tema de las personalidades es algo que me permite no tener contratos; el día de mañana puedo cambiar y hacer otra cosa... pero use el personaje que use siempre hablo de la realidad, de lo que me afecta, de lo que veo a mi alrededor. Pienso muchas cosas y las plasmo en algún lugar porque sino me hace mal retenerlas.
(El Acople) Entonces debés ser de los que siempre tienen un anotador a mano...
Sí, todo el tiempo. ¿Hasta sabés las cosas que perdí por llevar tantos papeles? Y ahora me gustaría tener una cámara de fotos, porque veo cada cosa...
(El Acople) ¿Creés en alguna religión?
No. Creo en el sol, en las personas que quiero. También creo en la espiritualidad.
(El Acople) Y bueno, ya que estamos, ¡tengo que preguntarlo! ¿Qué onda Fun People?
¡Cómo hinchan, loco! No hay nota que no jodan con Fun People (risas). La verdad que no estoy pensando en volver. Toco canciones en mis conciertos porque me gustan y las disfruto, pero ahora no siento que tenga que hacer nada más. Lo hice y ahora no tengo ganas de hacerlo más. Hace un tiempo pintó y volvimos esporádicamente. Está todo bien, siempre está abierta la posibilidad de hacer algo el día de mañana. Me pone muy feliz haber crecido espiritualmente y haber estado en una familia como lo fue Fun People. Me encanta porque hicimos cosas muy lindas. Me parece que si bien cometimos muchos errores... la pasamos muy bien. Igual estoy concentrado en otras cosas.
(El Acople) ¿Hay algo que nunca te preguntaron y te gustaría que te preguntaran?
A mí me gusta preguntar, no que me pregunten.
(El Acople) ¿Y qué te preguntarías?
Mmm... ¿cuándo va a salir esta nota? (risas).
Exclusivo: Tercer disco + novedades varias
Ávido de componer constantemente, Boom Boom Kid ya tiene listo un material que saldrá a la venta en dos meses, según él mismo pudo precisar. ¿Que el segundo trabajo salió hace menos de un año? ¡Eso ya es mucho tiempo! “El nuevo disco se va a llamar The Manny Many Moods Of BBKid y va a salir mucho más rápido que Smiles From Chapanoland porque ya tenía canciones que fueron quedando afuera de los cd´s y de los simples, y usé eso. El concepto tiene que ver con lo ecléctico de los temas en cuanto a formatos, formas de grabación...”.
Además de estar cerrando los detalles para su regreso a los escenarios de Capital (en donde no se presenta desde hace un año), BBK acaba de lanzar nuevos funzines de su impronta. Son "Coco queimado", "De historias con mi vespa", "Run fast to nowhere quizás" y "Lo pior de lo pior". Para más información, se recomienda chequear www.bbkidz.tk.
Estadía:
casi dos horas
Paisaje:
reconocida heladería del barrio de Caballito
Clima:
cálido y fluído
Estimulante:
cafés y sodas
Tercer tiempo:
intercambio de anécdotas
Entrevista: Nacho Girón (Redacción de El Acople)
LOS CAFRES lo hicieron: llenaron dos veces uno de los lugares más importantes del país, sin más armas que una lista pensada y extensa, un nuevo disco que empieza a arder, una formación impecable y... tres horas de recital.
------------------------------------------------------------------
Lo más lindo de ver que una banda no se deja abofetear por inestabilidades internas, falta de dinero, ausencia de público o por el cansancio de sentir que vivir de la música es sólo una utopía... llega cuando ves a ese mismo grupo de personas en el lugar donde siempre habían querido estar.
Hace unas semanas, cuando llenar dos veces Obras Sanitarias todavía era una meta por cumplir, el cantante GUILLERMO BONETTO nos hablaba de lo mítico del lugar en el que iban a tocar, y nos reconocía tranquilamente que el doblete “va a ser una celebración para todos, es bien simbólico, es lindo. Marca un antes y un después. Es la primera vez, pero no la última, porque abre todo un panorama también para otras agrupaciones”. ¿Qué se puede decir ahora que ya pasaron los recitales? Simplemente que se superaron todas las expectativas y que LOS CAFRES llegaron con éxito al peldaño más codiciado de la música nacional.
Ahora bien, decir que este desembarco masivo en el estadio musical por excelencia fue “sólo un show más”, sería mínimamente una falta de respeto y una reducción bastante desacertada. Es que no quedaron dudas de que la banda anfitriona se preocupó por hacer valer esos dolorosos 25 pesos de entrada.
En primer lugar, el mérito llegó desde la duración del espectáculo; tres horas de puro reggae roots que provocaron picos sentimentales de todos los colores, y que llegaron al público en forma de tres segmentos bien prolijos desde la ambientación y el sonido. La excepción fue “Lúcido”, el primer tema de la noche, que quedó tapado de acoples ultra molestos.
La banda misma fue otra de las gratas sorpresas, porque cuando se corrió el enorme telón negro que cubría el escenario, miles de jóvenes pudieron ver a ¡catorce! personas sobre las tablas. Claro, además de los cinco CAFRES oficiales, el recital contó con la ayuda estable de la voz de MARIAN (MENSAJEROS), la viola acústica de VALENTINO, la percusión de MARTIN “LA MOSCA” LORENZO (AUTENTICOS DECADENTES) y el trombón de BEBE FERREYRA, entre otras colaboraciones de lujo.
Fue esa especie de “súper grupo” el que complementó, de manera relajada, cada una de las canciones que retumbaron en Obras. Y fue también esa formación la que le dijo a cada oído que semejante calidad de sonido y coordinación sólo se logra con horas y horas y horas de ensayo y dedicación.
¿Con qué se completa el combo que incluye una presentación ajustada y un ejército en escena? Con temas, muchos temas, digamos unos... ¡38 temas! Y ojo, no se recurrió a una selección cualquiera, sino a una lista cuidada hasta en el más mínimo detalle: momentos bien altos (como el medley de “No puedo esperar” y “Sinsemilla”, ambos de “Frecuencia Cafre”), momentos para saltar (“Pobre angelito”), algunos para cerrar los ojos y dejarse llevar (“Esclava”), otros para ponerse melosos (“Mi aliento”, que tuvo un solo de saxo bien romanticón), para dormirse, para disfrutar o para buscar la mirada cómplice de algún amigo.
Además de toda esa infinidad de momentos dispares, LOS CAFRES tuvieron dos aciertos sustanciales para la efectividad de la presentación. Por un lado, interpretaron canciones de cada uno de sus discos de estudio; y por el otro, se dieron el gusto de tocar todos los temas de su último material “¿Quién da más?”. Así, dejaron contentos a los que los siguen desde el principio, a los más nuevos, y hasta a los que solamente se acercaron a escuchar “Si el amor se cae”.
Justamente del cd que estaban presentando salieron dos propuestas clave y muy aplaudidas; la armonía de “Este jardín” y la prosa dura de “Dejá de señalar”, que critica al modelo estandarizado del “rasta trucho prepotente” y ruega que “si escuchás a BOB MARLEY, prestá más atención”.
Cuando ya se acercaba la tercer hora de música, todos entendieron que se venía el final y por eso se fueron apretando contra las vallas o contra la persona que tuvieran adelante. “Tus ojos”, “La receta” y “La vela” se disfrutaron con la mayor intensidad gracias a esa característica energía que brota cuando lo bueno se está por alejar. Esa euforia incontenible que pronto tendría que enfrentarse con la llovizna que, fuera de Obras, esperaba la salida multitudinaria.
Fenómeno raro el reggae. Hace unos años se lo escuchaba en sucuchos perdidos y de no demasiada capacidad. Hoy, es un estilo que más que estilo es una institución con una masa fiel, multitudinaria y bastante heterogénea. Ahí radica el último aspecto emocionante de la noche de LOS CAFRES; en que por primera vez el reggae se apoderó de un lugar que siempre “perteneció” a otras músicas, a otras melodías. La pregunta queda flotando en el aire: ahora que sintieron el gustito... ¿quién los para?
Nacho Girón (Redacción de El Acople)
------------------------------------------------------------------
Lo más lindo de ver que una banda no se deja abofetear por inestabilidades internas, falta de dinero, ausencia de público o por el cansancio de sentir que vivir de la música es sólo una utopía... llega cuando ves a ese mismo grupo de personas en el lugar donde siempre habían querido estar.
Hace unas semanas, cuando llenar dos veces Obras Sanitarias todavía era una meta por cumplir, el cantante GUILLERMO BONETTO nos hablaba de lo mítico del lugar en el que iban a tocar, y nos reconocía tranquilamente que el doblete “va a ser una celebración para todos, es bien simbólico, es lindo. Marca un antes y un después. Es la primera vez, pero no la última, porque abre todo un panorama también para otras agrupaciones”. ¿Qué se puede decir ahora que ya pasaron los recitales? Simplemente que se superaron todas las expectativas y que LOS CAFRES llegaron con éxito al peldaño más codiciado de la música nacional.
Ahora bien, decir que este desembarco masivo en el estadio musical por excelencia fue “sólo un show más”, sería mínimamente una falta de respeto y una reducción bastante desacertada. Es que no quedaron dudas de que la banda anfitriona se preocupó por hacer valer esos dolorosos 25 pesos de entrada.
En primer lugar, el mérito llegó desde la duración del espectáculo; tres horas de puro reggae roots que provocaron picos sentimentales de todos los colores, y que llegaron al público en forma de tres segmentos bien prolijos desde la ambientación y el sonido. La excepción fue “Lúcido”, el primer tema de la noche, que quedó tapado de acoples ultra molestos.
La banda misma fue otra de las gratas sorpresas, porque cuando se corrió el enorme telón negro que cubría el escenario, miles de jóvenes pudieron ver a ¡catorce! personas sobre las tablas. Claro, además de los cinco CAFRES oficiales, el recital contó con la ayuda estable de la voz de MARIAN (MENSAJEROS), la viola acústica de VALENTINO, la percusión de MARTIN “LA MOSCA” LORENZO (AUTENTICOS DECADENTES) y el trombón de BEBE FERREYRA, entre otras colaboraciones de lujo.
Fue esa especie de “súper grupo” el que complementó, de manera relajada, cada una de las canciones que retumbaron en Obras. Y fue también esa formación la que le dijo a cada oído que semejante calidad de sonido y coordinación sólo se logra con horas y horas y horas de ensayo y dedicación.
¿Con qué se completa el combo que incluye una presentación ajustada y un ejército en escena? Con temas, muchos temas, digamos unos... ¡38 temas! Y ojo, no se recurrió a una selección cualquiera, sino a una lista cuidada hasta en el más mínimo detalle: momentos bien altos (como el medley de “No puedo esperar” y “Sinsemilla”, ambos de “Frecuencia Cafre”), momentos para saltar (“Pobre angelito”), algunos para cerrar los ojos y dejarse llevar (“Esclava”), otros para ponerse melosos (“Mi aliento”, que tuvo un solo de saxo bien romanticón), para dormirse, para disfrutar o para buscar la mirada cómplice de algún amigo.
Además de toda esa infinidad de momentos dispares, LOS CAFRES tuvieron dos aciertos sustanciales para la efectividad de la presentación. Por un lado, interpretaron canciones de cada uno de sus discos de estudio; y por el otro, se dieron el gusto de tocar todos los temas de su último material “¿Quién da más?”. Así, dejaron contentos a los que los siguen desde el principio, a los más nuevos, y hasta a los que solamente se acercaron a escuchar “Si el amor se cae”.
Justamente del cd que estaban presentando salieron dos propuestas clave y muy aplaudidas; la armonía de “Este jardín” y la prosa dura de “Dejá de señalar”, que critica al modelo estandarizado del “rasta trucho prepotente” y ruega que “si escuchás a BOB MARLEY, prestá más atención”.
Cuando ya se acercaba la tercer hora de música, todos entendieron que se venía el final y por eso se fueron apretando contra las vallas o contra la persona que tuvieran adelante. “Tus ojos”, “La receta” y “La vela” se disfrutaron con la mayor intensidad gracias a esa característica energía que brota cuando lo bueno se está por alejar. Esa euforia incontenible que pronto tendría que enfrentarse con la llovizna que, fuera de Obras, esperaba la salida multitudinaria.
Fenómeno raro el reggae. Hace unos años se lo escuchaba en sucuchos perdidos y de no demasiada capacidad. Hoy, es un estilo que más que estilo es una institución con una masa fiel, multitudinaria y bastante heterogénea. Ahí radica el último aspecto emocionante de la noche de LOS CAFRES; en que por primera vez el reggae se apoderó de un lugar que siempre “perteneció” a otras músicas, a otras melodías. La pregunta queda flotando en el aire: ahora que sintieron el gustito... ¿quién los para?
Nacho Girón (Redacción de El Acople)
“Para Obras volvimos a juntarnos a ensayar”
¿De qué se puede hablar con el Mono algunos días antes del debut de Kapanga en el Templo del Rock? Sí, ¡adivinaste! En una amistosa charla, el cantante nos relató el camino que recorrieron para llegar a este salto, nos contó sus expectativas y hasta se animó a comparar: “Si Bersuit estuvo 18 años para tocar ahí, nosotros estamos bárbaros”.
Se llama Martín Fabio, pero en la calle lo conocen con el nombre de un animal importantísimo para la evolución humana; en sus ratos libres atiende una pizzería familiar en pleno Quilmes, y desde 1989 es la voz de una banda que alguna fue se definió como “la mezcla entre Iron Maiden y la Mona Jiménez”. Hoy, a pesar del sueño de un mediodía cualquiera, no puede ocultar la conformidad por el desembarco de Kapanga en el estadio de Obras y por el vuelo que viene tomando el último disco “¡Esta!”. Y aún así, el Mono se anima a compartirnos su emoción y su justificado cagaso...
(El Acople) ¡Qué alegría! ¿No, Mono?
(Mono) Sí, inmensa, todavía no caímos mucho. Estamos más pendientes de que todo salga bien y que no tenga fisuras el show. Como que es una apuesta lo nuestro, porque siempre laburamos con nuestra gente, nuestros amigos, el escenográfo era uno que tocaba con nosotros, la que hizo el arte es la hermana de uno de los plomos... siempre trabajamos con esa gente, entonces vos no querés perder eso, pero a la vez tenés que dar ese paso de laburar con gente que sea del palo, que sea profesional. Estamos nerviosos, cagados, pero con alegría porque nos pasa ahora y está bien que nos pase. El público Kapanguero lo merece.
(El Acople) Bueno, ahora ya están a pocos días de recibir “lo que se merecen”...
Por fin, aunque en realidad todo se dio por decantación, por cabezas duras y claro, porque también la gente nos pide que vayamos a Obras, esa es una realidad. Mientras llenábamos lugares fuimos cambiando; llegamos a Cemento y quisimos hacer dos funciones en El Teatro, las hicimos y eso nos dio la pauta de que teníamos que ir a Obras. Y a casi diez años de esta formación es que llegó ese momento. Maffia llega a Obras después de 26, 27 años de tocar... podríamos haberlo hecho dos temporadas antes y ¡festejábamos los 25 años de Maffia en la batería! (risas)
(El Acople) Pueden hacerle algún regalo entonces...
Sí, le vamos a armar la batería adelante me parece. Así es más protagonista, porque ¿viste que los bateristas no salen en la foto? Aparte ahora el S.U.B.A. (Sindicato Unido de Bateristas Argentinos, que reune a muchos de ellos) está con todo, es un gremio más jodido que el de los camioneros (risas).
(El Acople) ¿Qué significa realmente para ustedes este paso gigante?
Para nosotros es un evento, es el paso más importante en la carrera: llegar al objetivo que todas las bandas creo que anhelan. Tuve que esperar diez años para tocar en Obras, ver a un montón de bandas llegar antes, ver pasar un montón de bandas tocando ahí, y a la mía no. Ahora llegó, pero también por eso que te comentaba al principio, por decantación y porque fuimos persistentes y tratamos de evolucionar, de crecer, de hacer las cosas bien.
(El Acople) ¿Y cómo se están preparando?
Nos estamos preparando con todo la verdad. Una cosa importante es que para Obras volvimos a juntarnos a ensayar, porque hacía mucho tiempo que no nos encontrábamos en la sala. En realidad como no tenemos sala propia andamos deambulando por las salas. Por lo general vamos a una que está cerca de mi casa, en Quilmes... pero no es tu lugar. Aparte cuando vamos a ensayar así, de las cuatro horas que alquilás, ensayás una y media y las otras horas las usás para armar, para ver qué vas hacer, las imágenes, la lista de temas, los arreglos, las boludeces que hagamos, tratar de ensamblar todo para que sea un show diferente y que tenga otro atractivo. Vamos a trabajar como nos hubiera gustado que sea desde un principio, con alguien que se ponga con una computadora y te haga las pantallas, las luces, esas cosas que veías que las hacían los otros. Bueno, ahora somos nosotros los que tenemos la posibilidad.
(El Acople) ¿Después de Obras se viene la sala propia?
Después de las experiencias que tuvimos con los últimos discos –para los que nos metimos en una quinta e hicimos dos o tres meses de preproducción afuera del ámbito normal- nos dimos cuenta que es necesario tener una sala. No es sólo ir a tocar sino que también es charlar a ver qué cosas se nos pueden ocurrir, entonces ya queremos tener ese lugar. Igualmente se nos complica porque no es que hicimos “el golpe” o “la gran estafa”... ¡no!, ¡todavía estamos peleándola!
(El Acople) Claro, siempre está esa mentalidad de que una vez que movés gente tenés el futuro asegurado...
Piensan que llegás a Obras y al otro día cada uno se va a comprar un auto... ¡y gracias si me lleva un amigo en auto de vuelta hasta mi casa! Mucha gente vive otra realidad con las bandas. Los que están cerca saben que la estás luchando y que a cada uno nos cuesta; nos cuesta movilizar la gente, nos cuesta pagar los viajes. Te gusta viajar, todo lo que quieras, pero tenés que laburar.
(El Acople) ¿Qué cosas son las que les demuestran que este desembarco en Obras es merecido?
Y... por ejemplo estamos yendo a lugares en el interior del país que son pueblos y por ahí tocamos más veces que en Quilmes. Tocás una vez al año, pero cada disco tuvo la posibilidad de presentarse... en donde sea, una cancha de papi fútbol, una discoteca, un tinglado, un club. Todos los años vas al mismo boliche, al mismo hotel, ves al mismo mono que te da de comer, y agradecés que te pase algo así porque eso suma mucho.
(El Acople) ¿Por qué esperaron hasta junio para hacer la fecha?
Nuestra idea era hacerlo en abril pero las cosas cambiaron y las fechas de abril no las teníamos. Entonces decidimos que se acomode un poco todo. Sabíamos también que iba a haber un cambio grande en el precio de las entradas y que los más perjudicados siempre siguen siendo los que te van a ver, los que tienen que viajar, los que no tienen un mango, los que tienen que arreglar sus historias para llegar hasta el lugar y encima pagar la entrada...
(El Acople) Y volver...
Sí, pero viste cómo es... la cosa es llegar. Si llegaste de alguna manera vas a volver. Alguno irá para mi barrio, de 4 mil alguno tiene que ir para esa dirección. Les decía, entonces quisimos esperar un poco a que haya shows de otros artistas más importantes que nosotros y que la gente también se fuera acostumbrando a que los precios de las entradas para recitales nunca más van a valer 10 o 12 pesos. Cuando nos explicaron el negocio de cómo se planteaba Obras, le bajaron el pulgar al precio que nosotros propusimos. Siempre pensás en los pibes y te das cuenta de que no podés subir 10 pesos las entradas desde tu último show en noviembre. Pero las reglas del juego ahora son así.
(El Acople) El disco con el que van a hacer a Obras es “¡Esta!” y eso va a quedar en la historia. Ahora, ¿es el cd que tenía que llegar o hubieras preferido otro?
Y... tendría que haber llegado “Un Asado En Abey Road”, pero el que llegó fue el quinto disco. Pero igual creo que estamos bien. Uno saca porcentajes y paralelismos; si Bersuit estuvo 18 años para tocar ahí, nosotros estamos bárbaros. Llegamos con cinco cd´s, y creemos que a partir de esa cantidad se da el quiebre que tiene la gente con las bandas.
(El Acople) Además no hizo falta sacar una recopilación con los éxitos de KAPANGA...
¡Igual salió, eh! Yo digo que tenemos cinco discos pero tenemos seis; me enteré así nomás que había salido un “Grandes éxitos”. ¿Como no me avisan? Avísenme, por lo menos. Cuando alguien me pregunta yo le digo que es trucho. ¿No tiene “El mono relojero”? Entonces no es un “Grandes éxitos” (risas).
(El Acople) La diversidad de su música y de su público se ve reflejada también en los invitados de sus discos.
Nuestra gente es fanática de la música; van a ver a Kapanga, a los Babasónicos, a Miranda! a La Renga, a Bersuit.. a todos. Y los invitados esperemos que estén porque la verdad que nos encantaría. Queremos que venga (Ricardo) Mollo; el gordo (Walter) Meza tiene que estar -además la idea es hacer un sketch juntos-; (Gustavo) Rowek tiene que estar porque grabó; Mimi Maura tiene que venir porque no vino a la presentación oficial y aparte porque si ella no está “El beso del adiós” no lo vamos a cantar nunca; Ciro de Los Piojos también -grabamos el video de “Postal”, le dijimos y dijo que sí-; los DANCING MOOD también...
(El Acople) Y ahí te enterás que te sacan el disco en vivo “KAPANGA y Amigos” en Obras...
(Risas) Encima los invitados que tenemos son cualquiera y de cualquier cosa. En realidad nos encantaría que estén todos, pero si hiciésemos eso, de las 27 o 28 canciones que tenemos para tocar, 21 van a tener invitados. Eso lo vamos a guardar para noviembre cuando festejemos los diez años de Kapanga.
(El acople) En el luna...
¡Ojalá!
Y sube, y sube...
La escena rockera nacional cambió para siempre. Los precios, también. Y el Mono reflexiona: “Se van a tener que acostumbrar a la fuerza, el bolsillo se va a tener que acostumbrar. Sabemos que hay muchos que quedan afuera del sistema este pero, ¿qué podés hacer? Nosotros sabemos que hay mucha gente que espera los sorteos para poder ir a ver a la banda. La gente confía, que lo caguen es otra cosa; en muchos lados tienen diez entradas para regalar y cinco se la dan al primo o a la tía y las otras cinco sí las sortean.
“Para nosotros en realidad lo importante es llenar Obras, que la gente esté contenta, que nosotros estemos contentos y reinvertir lo que nos pueda quedar; programar para darle algo más a la gente, producir, poder tener un crecimiento en cuanto a iluminación, a la imágen, monitoreo, cosas que seguimos laburando como hace ocho años atrás. Ojalá que se den cuenta que uno trata de hacer eso, y que trata de mejorar también para que cada uno esté cómodo y que se vayan del show sin sentir que les robamos 30 pesos. Queremos que se vayan contentos pensando que fue la mejor plata”.
Estadía:
poco tiempo, pero intenso
Paisaje:
el bar de La Trastienda
Clima:
muy agradable
Estimulante:
...
Tercer tiempo:
el Mono haciendo notas de todo tipo
Entrevista: Nacho Girón (Redacción de El Acople)
¿De qué se puede hablar con el Mono algunos días antes del debut de Kapanga en el Templo del Rock? Sí, ¡adivinaste! En una amistosa charla, el cantante nos relató el camino que recorrieron para llegar a este salto, nos contó sus expectativas y hasta se animó a comparar: “Si Bersuit estuvo 18 años para tocar ahí, nosotros estamos bárbaros”.
Se llama Martín Fabio, pero en la calle lo conocen con el nombre de un animal importantísimo para la evolución humana; en sus ratos libres atiende una pizzería familiar en pleno Quilmes, y desde 1989 es la voz de una banda que alguna fue se definió como “la mezcla entre Iron Maiden y la Mona Jiménez”. Hoy, a pesar del sueño de un mediodía cualquiera, no puede ocultar la conformidad por el desembarco de Kapanga en el estadio de Obras y por el vuelo que viene tomando el último disco “¡Esta!”. Y aún así, el Mono se anima a compartirnos su emoción y su justificado cagaso...
(El Acople) ¡Qué alegría! ¿No, Mono?
(Mono) Sí, inmensa, todavía no caímos mucho. Estamos más pendientes de que todo salga bien y que no tenga fisuras el show. Como que es una apuesta lo nuestro, porque siempre laburamos con nuestra gente, nuestros amigos, el escenográfo era uno que tocaba con nosotros, la que hizo el arte es la hermana de uno de los plomos... siempre trabajamos con esa gente, entonces vos no querés perder eso, pero a la vez tenés que dar ese paso de laburar con gente que sea del palo, que sea profesional. Estamos nerviosos, cagados, pero con alegría porque nos pasa ahora y está bien que nos pase. El público Kapanguero lo merece.
(El Acople) Bueno, ahora ya están a pocos días de recibir “lo que se merecen”...
Por fin, aunque en realidad todo se dio por decantación, por cabezas duras y claro, porque también la gente nos pide que vayamos a Obras, esa es una realidad. Mientras llenábamos lugares fuimos cambiando; llegamos a Cemento y quisimos hacer dos funciones en El Teatro, las hicimos y eso nos dio la pauta de que teníamos que ir a Obras. Y a casi diez años de esta formación es que llegó ese momento. Maffia llega a Obras después de 26, 27 años de tocar... podríamos haberlo hecho dos temporadas antes y ¡festejábamos los 25 años de Maffia en la batería! (risas)
(El Acople) Pueden hacerle algún regalo entonces...
Sí, le vamos a armar la batería adelante me parece. Así es más protagonista, porque ¿viste que los bateristas no salen en la foto? Aparte ahora el S.U.B.A. (Sindicato Unido de Bateristas Argentinos, que reune a muchos de ellos) está con todo, es un gremio más jodido que el de los camioneros (risas).
(El Acople) ¿Qué significa realmente para ustedes este paso gigante?
Para nosotros es un evento, es el paso más importante en la carrera: llegar al objetivo que todas las bandas creo que anhelan. Tuve que esperar diez años para tocar en Obras, ver a un montón de bandas llegar antes, ver pasar un montón de bandas tocando ahí, y a la mía no. Ahora llegó, pero también por eso que te comentaba al principio, por decantación y porque fuimos persistentes y tratamos de evolucionar, de crecer, de hacer las cosas bien.
(El Acople) ¿Y cómo se están preparando?
Nos estamos preparando con todo la verdad. Una cosa importante es que para Obras volvimos a juntarnos a ensayar, porque hacía mucho tiempo que no nos encontrábamos en la sala. En realidad como no tenemos sala propia andamos deambulando por las salas. Por lo general vamos a una que está cerca de mi casa, en Quilmes... pero no es tu lugar. Aparte cuando vamos a ensayar así, de las cuatro horas que alquilás, ensayás una y media y las otras horas las usás para armar, para ver qué vas hacer, las imágenes, la lista de temas, los arreglos, las boludeces que hagamos, tratar de ensamblar todo para que sea un show diferente y que tenga otro atractivo. Vamos a trabajar como nos hubiera gustado que sea desde un principio, con alguien que se ponga con una computadora y te haga las pantallas, las luces, esas cosas que veías que las hacían los otros. Bueno, ahora somos nosotros los que tenemos la posibilidad.
(El Acople) ¿Después de Obras se viene la sala propia?
Después de las experiencias que tuvimos con los últimos discos –para los que nos metimos en una quinta e hicimos dos o tres meses de preproducción afuera del ámbito normal- nos dimos cuenta que es necesario tener una sala. No es sólo ir a tocar sino que también es charlar a ver qué cosas se nos pueden ocurrir, entonces ya queremos tener ese lugar. Igualmente se nos complica porque no es que hicimos “el golpe” o “la gran estafa”... ¡no!, ¡todavía estamos peleándola!
(El Acople) Claro, siempre está esa mentalidad de que una vez que movés gente tenés el futuro asegurado...
Piensan que llegás a Obras y al otro día cada uno se va a comprar un auto... ¡y gracias si me lleva un amigo en auto de vuelta hasta mi casa! Mucha gente vive otra realidad con las bandas. Los que están cerca saben que la estás luchando y que a cada uno nos cuesta; nos cuesta movilizar la gente, nos cuesta pagar los viajes. Te gusta viajar, todo lo que quieras, pero tenés que laburar.
(El Acople) ¿Qué cosas son las que les demuestran que este desembarco en Obras es merecido?
Y... por ejemplo estamos yendo a lugares en el interior del país que son pueblos y por ahí tocamos más veces que en Quilmes. Tocás una vez al año, pero cada disco tuvo la posibilidad de presentarse... en donde sea, una cancha de papi fútbol, una discoteca, un tinglado, un club. Todos los años vas al mismo boliche, al mismo hotel, ves al mismo mono que te da de comer, y agradecés que te pase algo así porque eso suma mucho.
(El Acople) ¿Por qué esperaron hasta junio para hacer la fecha?
Nuestra idea era hacerlo en abril pero las cosas cambiaron y las fechas de abril no las teníamos. Entonces decidimos que se acomode un poco todo. Sabíamos también que iba a haber un cambio grande en el precio de las entradas y que los más perjudicados siempre siguen siendo los que te van a ver, los que tienen que viajar, los que no tienen un mango, los que tienen que arreglar sus historias para llegar hasta el lugar y encima pagar la entrada...
(El Acople) Y volver...
Sí, pero viste cómo es... la cosa es llegar. Si llegaste de alguna manera vas a volver. Alguno irá para mi barrio, de 4 mil alguno tiene que ir para esa dirección. Les decía, entonces quisimos esperar un poco a que haya shows de otros artistas más importantes que nosotros y que la gente también se fuera acostumbrando a que los precios de las entradas para recitales nunca más van a valer 10 o 12 pesos. Cuando nos explicaron el negocio de cómo se planteaba Obras, le bajaron el pulgar al precio que nosotros propusimos. Siempre pensás en los pibes y te das cuenta de que no podés subir 10 pesos las entradas desde tu último show en noviembre. Pero las reglas del juego ahora son así.
(El Acople) El disco con el que van a hacer a Obras es “¡Esta!” y eso va a quedar en la historia. Ahora, ¿es el cd que tenía que llegar o hubieras preferido otro?
Y... tendría que haber llegado “Un Asado En Abey Road”, pero el que llegó fue el quinto disco. Pero igual creo que estamos bien. Uno saca porcentajes y paralelismos; si Bersuit estuvo 18 años para tocar ahí, nosotros estamos bárbaros. Llegamos con cinco cd´s, y creemos que a partir de esa cantidad se da el quiebre que tiene la gente con las bandas.
(El Acople) Además no hizo falta sacar una recopilación con los éxitos de KAPANGA...
¡Igual salió, eh! Yo digo que tenemos cinco discos pero tenemos seis; me enteré así nomás que había salido un “Grandes éxitos”. ¿Como no me avisan? Avísenme, por lo menos. Cuando alguien me pregunta yo le digo que es trucho. ¿No tiene “El mono relojero”? Entonces no es un “Grandes éxitos” (risas).
(El Acople) La diversidad de su música y de su público se ve reflejada también en los invitados de sus discos.
Nuestra gente es fanática de la música; van a ver a Kapanga, a los Babasónicos, a Miranda! a La Renga, a Bersuit.. a todos. Y los invitados esperemos que estén porque la verdad que nos encantaría. Queremos que venga (Ricardo) Mollo; el gordo (Walter) Meza tiene que estar -además la idea es hacer un sketch juntos-; (Gustavo) Rowek tiene que estar porque grabó; Mimi Maura tiene que venir porque no vino a la presentación oficial y aparte porque si ella no está “El beso del adiós” no lo vamos a cantar nunca; Ciro de Los Piojos también -grabamos el video de “Postal”, le dijimos y dijo que sí-; los DANCING MOOD también...
(El Acople) Y ahí te enterás que te sacan el disco en vivo “KAPANGA y Amigos” en Obras...
(Risas) Encima los invitados que tenemos son cualquiera y de cualquier cosa. En realidad nos encantaría que estén todos, pero si hiciésemos eso, de las 27 o 28 canciones que tenemos para tocar, 21 van a tener invitados. Eso lo vamos a guardar para noviembre cuando festejemos los diez años de Kapanga.
(El acople) En el luna...
¡Ojalá!
Y sube, y sube...
La escena rockera nacional cambió para siempre. Los precios, también. Y el Mono reflexiona: “Se van a tener que acostumbrar a la fuerza, el bolsillo se va a tener que acostumbrar. Sabemos que hay muchos que quedan afuera del sistema este pero, ¿qué podés hacer? Nosotros sabemos que hay mucha gente que espera los sorteos para poder ir a ver a la banda. La gente confía, que lo caguen es otra cosa; en muchos lados tienen diez entradas para regalar y cinco se la dan al primo o a la tía y las otras cinco sí las sortean.
“Para nosotros en realidad lo importante es llenar Obras, que la gente esté contenta, que nosotros estemos contentos y reinvertir lo que nos pueda quedar; programar para darle algo más a la gente, producir, poder tener un crecimiento en cuanto a iluminación, a la imágen, monitoreo, cosas que seguimos laburando como hace ocho años atrás. Ojalá que se den cuenta que uno trata de hacer eso, y que trata de mejorar también para que cada uno esté cómodo y que se vayan del show sin sentir que les robamos 30 pesos. Queremos que se vayan contentos pensando que fue la mejor plata”.
Estadía:
poco tiempo, pero intenso
Paisaje:
el bar de La Trastienda
Clima:
muy agradable
Estimulante:
...
Tercer tiempo:
el Mono haciendo notas de todo tipo
Entrevista: Nacho Girón (Redacción de El Acople)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)